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El factor cultural en la conservación de la agrobiodiversidad en el Perú
El artículo pretende mostrar un panorama histórico sobre la situación actual del Perú en torno a la conservación de la agrobiodiversidad en los Andes Centrales y valorar a las culturas originales en las cuales se sostiene la Agrobiodiversidad.
Aspectos históricos y culturales de la conservación in situ de los cultivos nativos en el Perú
Autor: Javier Llacsa Tacuri Cusco, Abril del 2006.
El Proceso Histórico.
La presencia del hombre en los Andes tiene sus primeros indicios hace 20000 años. Los primeros miles de años de este período el hombre basó su alimentación en función a la recolección, la caza y la pesca, como tradicionalmente se sostiene a partir de la ciencia y el proceso de evolución. Hace aproximadamente 10000 años, se comenzó a practicar la agricultura en la costa, los andes y la selva del Perú, de manera progresiva en cada lugar, a partir de la domesticación de plantas y animales silvestres. En esta parte del mundo se estaba originando una agricultura singular, poco antes que en otros sitios en el mundo, en un continuo proceso de adaptación de las plantas a los diversos ecosistemas y a los climas de los Andes. De este proceso, los cultivos fueron diversificados y se fueron creando variabilidad dentro de cada cultivo, encontrando su lugar dentro de una diversidad de pisos ecológicos propios de los Andes. Nacía así la cultura andina, se fue generando toda una infraestructura productiva (andenerías, canales de irrigación, q’ochas, waru-warus, corrales, chacras hundidas y otras), así como infraestructura de almacenamiento y de caminos: la magnitud de estas obras ponen en evidencia la gran cantidad de trabajo que ha exigido tanto su construcción como su plena utilización, su mantenimiento y conservación; trabajo que solo pudo ser realizado por una población de cuantía no menor a la actual, tal como lo sostiene Earls en 1977.
La población se concentraba en diversos grupos humanos pequeños y dispersos (“Ayllus”), a través de los cuales se ocupaba productivamente los variados ecosistemas existentes. Estos poblados, estaban conectados entre sí por lazos de organización parentales del “ayllu” y la etnía, así como por una densa red de caminos peatonales. La principal función social de todos los “ayllus” era asegurar la alimentación adecuada a la población, los “ayllus” producían para si mismos, para almacenar, para los otros “ayllus” en los que el clima no les permitió producir bien y para distribuir a aquella parte de la población que trabajaba en la construcción y el mantenimiento de las estructuras productivas agrarias, almacenes y caminos, entre otros. Esta producción, desvirtúa la calificación de la agricultura campesina andina como agricultura de subsistencia.
Era una época de autonomía y suficiencia, dentro de una sociedad regida por la reciprocidad y la redistribución. Su concepción del mundo y de la vida estaba enmarcada dentro de una cosmovisión andina que implicaba el respeto y un sentido de equivalencia con la naturaleza y con sus deidades ahí presentes, en el que el hombre andino se sentía, solo parte de todo ello, y no la parte más importante. A nivel de cultivos ya se había generado una increíble diversidad y variabilidad, el conocimiento sobre selección y generación de variedades era muy amplio y sofisticado, y lo más destacable, había un pleno conocimiento del medio (montaña, ladera, piso de valle, puna y demás características de los Andes) en los cuales hicieron prosperar una agricultura original y singular en el mundo.
Este proceso fue abruptamente interrumpido por la invasión europea alrededor de los años de 1500. La población nativa fue diezmada por los invasores europeos y había disminuido al 10 % de lo que era, por diferentes causas, principalmente por la explotación de la población nativa en las minas para la extracción de oro y plata -razón original de la invasión y en la que se encuentra el sentido real de la cosmovisión occidental- y por las pestes y enfermedades que los invasores trajeron consigo frente a las cuales los nativos carecían de defensas inmunológicas
Los Andes habían sido expropiados por la invasión de otra cultura. A partir de esa época, hubo un nivel de desestructuración organizacional, tuvo lugar la formación de dos instituciones básicas, la comunidad indígena y la hacienda. Las “comunidades indígenas” se formaron por la concentración y el reasentamiento de los “ayllus”, a los cuales acudía la hacienda para reclutar mano de obra, cobrar tributos e ideologizar la cultura europea. A pesar de esta opresión, y aún sin la organización de antes, las “comunidades indígenas” y las poblaciones nativas conservaron su cosmovisión y su cultura. Mantuvieron en su poder parte de los recursos y preservaron algunos rasgos institucionales de la vivencia original andina. La diversidad y variabilidad de cultivos, y el conocimiento de la agricultura andina, eran conservados y regenerados. Así mismo, nuestros cultivos se habían expandido por el mundo, como por ejemplo la papa, los cuales fueron llevados desde la invasión. Durante 500 años de colonia, las “comunidades indígenas” van regenerando su autonomía cultural, el aspecto religioso andino mantiene su sentido original con algunas modificaciones e incorporaciones occidentales, se adopta nuevos cultivos y crianzas, se introducen algunas prácticas agropecuarias como el “arado de palo” tirado de una “yunta de bueyes”. A la par de satisfacer a las haciendas y a la nueva institución, la ciudad, continúa existiendo y regenerándose el gran acervo de conocimientos ancestrales de la agricultura en los Andes y, con ellos, la diversidad y variabilidad de cultivos.
Luego de la “independencia”, la presión cultural y el dominio sobre las “comunidades indígenas” no cambiaron y quizá fueron peores que los primeros tres siglos de la colonia. En este momento de la historia del Perú quedó claro, que cuando se hablaba de libertad, justicia e igualdad de los hombres, no se incluía a los “indios” en este anhelo, si no, era la aspiración de los nuevos españoles, criollos y mestizos nacidos en el Perú con respecto al Rey de España y a los españoles europeos, tal como lo sostiene Mariátegui. Ellos lograron su tan ansiada independencia y mantuvieron –hasta ahora- el sistema de poder y dominio sobre la cultura andina, desde el discurso del nuevo orden –el Estado- y la democracia. La Hacienda, es el más reciente rezago irrefutable de la opresión occidental de parte de quienes ya eran peruanos, sobre los andinos. En este nuevo orden, el Perú, con una diversidad cultural como la andina, la de siempre, la que derivó de los “ayllus” y una sociedad “mestiza” y criolla que trataba y trata de imitar el proceso de evolución occidental, que poco a poco se fue concentrándose en un conglomerado de ciudades las cuales se fueron exponiendo progresivamente como una expresión de vida mejor que la del campo. Así fue durante gran parte de la época republicana del Perú. A fines de los años 60 y comienzos de los 70, las “comunidades indígenas” por ley se les denominaría “comunidades campesinas”, que son las que actualmente habitan los Andes, y son “favorecidas” por una “reforma agraria” que los desligaba de las haciendas. Se formaron espontáneamente más comunidades, y continuaron haciendo agricultura en los Andes, conservando y regenerando hasta ahora la increíble diversidad y variabilidad de cultivos, de la mano y con una relación inseparable e intrínseca con su cosmovisión original, y si se quiere, con nuevos matices.
El contexto actual de la conservación in situ.-
Desde fines de los años 1800 y a partir de 1900, la ciencia occidental comenzaba a darse cuenta de lo que había en los Andes con respecto a los “recursos fitogenéticos”. Muchas expediciones vinieron a estudiar, a registrar y bautizar con nuevos nombres a los cultivos nativos, a los animales domésticos y a las plantas y animales silvestres, los cuales habían sido conservados, a partir de una cosmovisión diferente, por los habitantes andino-amazónicos por miles de años. Los cultivos andinos de siempre ahora tenían “nombres científicos”, los nombres originales fueron denominados como “nombres vulgares” o “nombres comunes”.
Después de 1950, en otras latitudes, las sociedades occidentales, evolucionan su agricultura, en función a su cosmovisión, a sus condiciones naturales y a su poder económico. Este fenómeno se llamo la “revolución verde”, que en síntesis se trataba de la “modernización de la agricultura”, que implicaba “tecnificación”, “fitomejoramiento”, “insumos químicos”, “grandes extensiones de cultivo”, “grandes volúmenes de producción”, “mercado y rentabilidad”. Desde esta etapa y fenómeno como la “revolución verde”, desde sus propios esquemas culturales, se comienza a descalificar la agricultura andina y todo su contexto cultural, incluido la conservación de la diversidad y variabilidad de cultivos.
Los “recursos genéticos” que posee el Perú, nos coloca en una situación de responsabilidad mayor, que el beneficio meramente económico. Se trata de comprender, en principio, un sentido particular y nada inferior de conservación de la agrobiodiversidad, en función a la seguridad alimentaria, a la autonomía y suficiencia alimentaria, la cual se encuentra en un contexto cultural diferente a la concepción moderna de la agricultura. Sin embargo conciente e inconcientemente actuamos en desmedro de la biodiversidad y de los grupos humanos quienes la conservan. Desde la década de 1950 comienza a implementarse toda una maquinaria de programas y proyectos de “desarrollo rural”, cuyo enfoque no es más ni menos que la propuesta y la presión del cambio cultural. El desarrollo rural, en principio, es concebido y aplicado a partir de todo un paquete de metodologías, tecnologías, enfoques e insumos, que son la fiel copia del fenómeno de desarrollo agropecuario por la que han atravesado las sociedades occidentales, en función a su realidad y a su proceso de evolución cultural. Ahora, a pesar de que el desarrollo rural tiene un enfoque integral, continúa siendo ajeno a los Andes y a la cosmovisión andina, razón por la cual toda esta presión no ha tenido resultados en las comunidades campesinas, como por ejemplo la “innovación tecnológica”. Por el contrario en nombre del “desarrollo”, se ha hecho mucho daño, a la cultura andina, a la biodiversidad, a la suficiencia, a la autonomía y al ambiente.
Se percibe un empeño de modernización agropecuaria entre las instituciones de desarrollo rural, desconociendo la experiencia de más de diez mil años de agricultura de los pobladores andinos. Se privilegia la vivencia moderna y muchas de nuestras actividades como la “agricultura moderna” en desmedro de la tradicional. Es necesario reflexionar al respecto: quizá no sea necesario introducir tecnología, quizá no necesiten asistencia técnica, quizá estas comunidades no conciben el “desarrollo” como nosotros lo concebimos (plenitud económica), quizás tienen una concepción diferente del bienestar y de la pobreza en su propio contexto cultural y una satisfacción de vida en contacto con la naturaleza y sus deidades, quizá el problema nuestro es que nos falta conocer y comprender, algo que a pesar de ser nacidos acá, nos sigue siendo tan ajeno como lo fue para los primeros colonizadores, esto es, los Andes y la cultura andina. Quizá, ya no suene tan malo decir, que existe el derecho a no ser desarrollado, pues la presión del mercado y de la modernidad, termina con la vida dulce en los Andes y lastima la naturaleza, si no, veamos la contaminación de los ríos, de los suelos, del hombre y de nuestro mundo.
Es sumamente vital construir una visión de convivencia y tolerancia intercultural, sin tratar de exponer separadamente, lo que ha estado unido natural e históricamente en los Andes, en el que no primen los sentidos de comparación, subestimación y privilegios a partir de juicios esquematizados culturalmente. Es vital, aceptarnos como diferentes pero equivalentes, diferentes en función a nuestras cosmovisiones, diferentes en tanto a nuestras aspiraciones y respecto a lo que significa “nuestro modo de vida y la idea del desarrollo” para nosotros y lo que significa “un modo de vida en relación con la suficiencia y la naturaleza” para la cultura andina.
En lo que se refiere a la Conservación In Situ no se trata de ver un potencial en función solo de “recursos fitogenéticos”, ni entenderla como una actividad económica, si no de comprender el valor de una cultura andina que ha hecho posible desde su cosmovisión y sus modos de vida, expresiones intrínsecas a esta cultura, como la diversidad y variabilidad de cultivos. También, respetar el conocimiento y sabidurías que esta cultura tiene sobre los Andes para realizar una agricultura de filigrana. Para conocer la agricultura y tecnología andinas no hace falta ir a los museos, sino salir al campo donde está vigente, y conocerla sin posturas de superioridad cultural. El Proyecto In Situ en la estación Andenes, considera que el aspecto cultural es determinante en la conservación de los cultivos nativos o “Recursos Genéticos”. Si bien es cierto se busca factores externos que puedan ayudar a sostenerla, es necesario indicar que la mayor fortaleza para la continuidad de esta vivencia conservadora, está en el interior de las comunidades, junto con toda la expresión de la cultura andina, principalmente su cosmovisión y sus conocimientos. No es posible conservar la diversidad y variabilidad de los cultivos andinos, sin la cultura que la sostiene.
Bibliografía Consultada.-
DELRAN, Guido. 1981. Historia Rural del Perú. Segunda Edición. Centro de Estudios Rurales Andinos Bartolomé de las Casas. Cusco.
EARLS, John. 1977. La Coordinación de la Producción Agrícola en el Tawantinsuyo. Primer Congreso Internacional sobre Cultivos Andinos. Ayacucho – Perú.
GRILLO FERNANDEZ, Eduardo. 1990. Población, Agricultura y Alimentación en el Perú. PRATEC. Lima – Perú.
GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe. 1615. El Primer Nueva Coronica y Buen Gobierno.
MARIATEGUI, José Carlos. 1973. Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Vigésima Sexta Edición. Lima – Perú.
WEBERBAUER, A.J. 1945. El mundo Vegetal de los Andes. Ministerio de Agricultura. Lima.
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[1] Artículo reeditado. Título original: El Aspecto Cultural de la Conservación In Situ de los Cultivos Nativos en el Perú. Publicado en Cusco – Perú en Diciembre del 2005 por la Revista Andenes, de la Estación Experimental del INIA – Andenes Cusco. ANDENES: Revista de la Estación Experimental Agraria Andenes. Año 03 Nº 05 Diciembre 2005. Pág. 06 y 07.
[2] Ingeniero Agrónomo responsable del Proyecto de Conservación In Situ de los Cultivos Nativos y sus Parientes Silvestres en la E.E. Andenes – Cusco. Correo Electrónico:
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