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sábado, 22 de noviembre de 2008
Uno Para Tres, Tres Para Los Tres Imprimir E-Mail
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Escrito por Oscar David   

Un texto caotico acerca de la corrupta realidad que acecha a la juventud, puesta en un sordido interrogante ¿Existe el amor entre tres personas? Acaso se puede romper este paradigma de las parejas proponiendo un trio lleno de tristeza, preocupacion mutua, amistad y romance?

Espero les guste.

¡Hola! Soy Oscar. No puedo llorar, la amargura de mi garganta no a cura nadie, nos ha traicionado. Siento que mi corazón no soportara este invierno. Pero recuerdo esos momentos… tan cálidos, tan calmos, tan solemnes. Pero ahora solo somos individuos, y no quiero ser individuo, quiero pertenecerle, quiero que me pertenezca. Cigarrillos, alcohol, sexo, música. Nada me quita la amargura de la boca, solo los recuerdos, pero eso solo me envenena mas…Debo decirle lo que pienso Ahora esa idea me atormenta, la verdad, pero no la que yo conozco. Debo tomar justicia por mis propias manos, lo hare cuando despierte de este sueño. ¿Por qué en mis sueños solo estoy yo, Oscar? Despierto. Soy Germán. Pienso en el, mi mejor amigo Oscar. Hace mucho que no nos vemos, me duele la cabeza, me echaron de la U. No los culpo. Valeria, nos dejo…éramos buena pareja de tres, no me gusta la palabra trío, es como tan sexual y musical. Ya no soporto el dolor de cabeza, peo estoy pensando que quiero hoy,¿ las azules con carita feliz, o las blancas con cara de Pato Donald? Para que preocuparse, ¿Por qué no ambas? Me siento feliz, muy feliz, mi cabeza me perdona tomando las benditas pastillas. Ah, bendito sea Dios (no sé porque no maldigo), hasta ahora recuerdo que el venia. Ah me las va a quitar, bueno solo tengo que esconderlas y dejarle acetaminofen, el se las cree. Golpeo la puerta, soy Valeria, no sé porque vine a verlo a él, supongo que es porque no quedo tan afectado como Oscar. Abre la puerta, tiene esa sonrisa falaz. Le pregunto si lo hizo, se carcajea al frente mío. Le pido un poquito de ron, tengo antojo de hablarle en las mismas condiciones. Oscar me matara cuando se entere. Le pido que no le cuente y se comporte. El alcohol se me filtra por todo el cuerpo, intentamos permanecer un segundo sin carcajearnos. Es imposible, ¿cuánto tiempo ha pasado? La luz del sol de mediodía me patea la cara, suena ese funny sound “knock knock”. Germán va a abrir la puerta, es un bonito apartamento para alguien como él. Lo abrazo, casi se cae, soy Oscar. Lo miro frunciendo el sueño, acaso fue capaz. Le pido las pastillas, se ríe, y dice que las busque yo mismo. Se las pido de nuevo y saca de un bolsillo una tableta de pastillas minúsculas blancas. Y otras más grandes con una equis atravesada. Las guardo con calma. Pero él y otra risa que conozco se mofan de mi. Se me cae el mercado que llevaba en la mano. ¿Es ella? Ambos están con su elixir sagrado. Tal vez tenga que inyectarme el mío ¡Casi me caigo! Lastima no haberle respondido bien el abrazo, esta tan flaco. Juntos formamos un “11” Ya no me siento tan feliz, estoy bajando la pendiente más alta de la montaña rusa, se lo que viene, se lo que sentiré y no lo quiero, corro a buscar las otras pastas. Valeria me pide unas también, no me acuerdo cual trago es el que no se combina con cual pasta. Bueno nunca me descacho, pero ¿por qué Oscar no me detuvo? No, no puede ser, el también… Le pedí una para mi, Oscar está nervioso, no soporto verlo así, esta tan demacrado, o ¿Lo estoy viendo con otros ojos? Coge su maletín gigante de cuero falso. “Apoyo a los animales” nos dice, siempre le respondía “Y al niño asiático que te hace ese, ¿lo apoyas también?” ¿Que va a sacar esta vez? ¿El iPod? ¿La navaja? Noo, el no puede el… Germán llega rápidamente a la habitación, cruzan miradas de terror con Valeria. Miran al más correcto de los tres, sacando su jeringa. Heroína ambos piensan, no es más que eso, es su muerte declarada. Germán le grita “Trae el naloxone, está en la cocina en la nevera” la muchacha corre. Mientras el preocupado muchacho, intenta quitarle la jeringa del brazo, El otro se resiste, la inyecta toda. Por dentro de su cuerpo, el hígado y el páncreas se niegan a procesar la droga para llevarla al cerebro, así que esta se va por todo el torrente a su cabeza. Germán lo sabe, por eso necesita esa preciada jeringa en la nevera. Lo salvará, no morirá – se repite para el mismo, las anfetaminas ya lo tienen en depresión, le dice a su moribundo y sonriente amigo – Le prohíbo morir, todo va a estar bien. Valeria, ¡la pupila se dilato y el ojo se está volviendo amarilla! La torpe muchacha llega, le señala a Oscar con la cabeza. Germán le dice “Perdón hermano.” Mientras lo inmoviliza dejando la yugular libre para la nerviosa doctora. Esta a su vez inyecta el costoso fármaco en su amigo. Pero no siente pulso en esa vena. Germán toma la muñeca de su amigo, esta tibia, pero no siente pulso. Valeria lo aparta, empieza a repetir la clase del 7 de Julio del 2008. Resucitación Cardio-Pulmonar. Un minuto después, mientras intenta llevarlo a la vida comienza llorar. Germán, cuya cabeza lo había castigado por no darle más pastillas comienza a gritar llorando. Al unísono, y sin haberlo planeado, le gritan al inerte ser del piso del apartamento “No te mueras, no nos dejes” En otra ocasión se habrían reído, pero ambos estaban sumidos en la tristeza. Cuando de un momento a otro, ese ser amarillo, desnutrido, comienza toser. Me pesaba la cabeza, pero estaba consciente. Intente levantarme pero Valeria y Germán lo hicieron por mí. Lloraban, sus Elixir de la Felicidad los había abandonado de momento. Sonreí, me dolía el cuello, más precisamente la yugular. No me dejaron irme pensé. Sonreí Algo por dentro de mi le había clavado un puñal a mi eterno dolor de cabeza, lloraba, pero tenía una sonrisa de oreja a oreja, esas que contagio a la gente. Estaba vivo, no era otro de los pacientes, que no había logrado salvar. Empecé a reírme, Germán lloraba más que yo, que soy mujer. Oscar también se reía con cara de dolor. Nos llamo con un gesto, todos sabíamos que estaba pensando, todos estábamos de acuerdo. Todos nos sumimos en un beso y un abrazo final. Y ahí estaban los tres tristes, felices, pensando que fueron unos tontos habiéndose separado antes. Un amor y una amistad diferentes.

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