sábado, 22 de noviembre de 2008
La Calle De Atras Imprimir E-Mail
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Escrito por Zankou!   

Para muchisima gente es desconicido el mundo del comercio sexual cuando la mercancia en venta es masculina. Es algo "inusual". En este texto busco que toda los lectores se sensibilicen con la vida de estas personas que tienen una existencfia mas complicada que la de nosotros, en un sub-empleo donde resultan las timados, o pueden terminar en la muerte o la locura. Tambien busco que se familiaricen con la vida de estos personajes en el plano de un pais de primer mundo, que no le puede huir a dos crisis mundiales la homofobia y el comercio sexual Esta es la introduccion, disfruten el texto Zankou...Most Know As Oskar

CRONICA Y NARRATIVA – La Calle de Atrás

No estaba de acuerdo cuando vine a hacer la crónica. Las calles de Viena son muy frías, detesto ese caricaturesco vapor de alcantarilla. Pero bueno. Es de estas calles las que su servidor les relata. Día a día. Llegan jóvenes a revelar su identidad sexual, solo por sobrevivir. Es una de las paradojas del mundo moderno, es uno de los países con mayor calidad de vida, pero también posee (junto con Finlandia) las cifras más altas en xenofobia, homofobia y odio a las tan llamadas “minorías”.

Es el centro financiero de Viena, es casi la medianoche. Somos 5. John, Franz, Helga, Josef y yo.

Son las 12, todavía falta para que comience el movimiento, los miro a todos. John tiene 23, ha trabajado desde los 17, John se me acerca, es muy suspicaz, me comenta el relato de los cuatro. Al principio me gustaba – dice, con una sonrisa taciturna, y agrega – Después me sentí como un objeto, y temo que le pase lo mismo a Josef.

Franz tiene 19, la oscuridad revela una silueta delgada, mejor, desnutrida. Lleva un año en el negocio, sus padres lo echaron de la casa y ahora debe vivir así. Habla con Josef, lo exhorta, como todas las noches, pasa un carro, el es el primero en voltearse, y la luna me muestra esa cara llena de pavor, y a la vez, resignación.

Helga es la protectora de los cuatro, años atrás fue monja, ahora a las 12:30 ofrece su lujoso apartamento a los jóvenes conocidos como rent-boys o taxi-boys. Me ha pescado mirándola, y se para del andén, y me dice. Iván, los cuido porque morirían sin mí. Trato de educarlos los fines de semana para que busquen un empleo, que consigan una pareja estable, y la prueba del SIDA.

Pronto será la 1. Franz deja de mirar a Josef, el más joven de todos, tiene 14 años. Y llego al trabajo al tiempo que con Franz, han forjado un lazo, son como Padre e Hijo, dice Helga cuando son la 1:07, y el primer cliente llega al lustroso semáforo, al frente de los cinco.

Me he dado cuenta que Franz se hizo al frente de Josef, desde la perspectiva del carro no lo vería. Josef no se ha dado cuenta. El hombre dentro del auto, con una corbata suelta, el pelo desordenado y canoso llama a Franz, de nuevo la luna me revela su rostro, ahora sonríe, pero no tiene ningún rastro de vida en sus ojos. Pone sus brazos sobre el coche y mete la cabeza en el auto. Helga me explica que discuten el precio, el lugar a donde lo llevara a comer, lo que el cliente no puede hacer, y por lo que debe pagar precio extra.

Franz regresa del coche, le da el fajo de billetes a Helga, y se mete finalmente en el auto. Josef le pregunta a John – Ojala sea un buen tipo. John le niega con la cabeza

A la 1 y cuarto llega un ‘último modelo’, dentro va una mujer delgada y un hombre de contextura similar a la de Franz. Llaman a John, el ya los conoce, porque escucho antes de acercarse al auto decirles “Hola Drew, Hola Nikolai”, le abren la puerta sin someterlo a negociaciones, como en el caso de Franz, antes de irse, John me pide un favor, y me dice que tape a Josef mientras llega Franz. Mi cualidad de ser humano destruye a la de periodista, y decido hacerlo

Helga saca de su bolso color esmeralda, un móvil, con este hace tres llamadas. 15 minutos después, llegan otros tres muchachos, son los “relevos”, y están para que los clientes no escojan otra de las calles de la ciudad más que la de Helga. Me miran con recelo, pero Helga dice, este hombre aquí, es hermano de Franz y está cuidando a Josef (el cual se había dormido hace 5 minutos). No trabaja, solo lo cuida. Los muchachos se acercan y se presentan, solo uno se queda sentado en el andén. Michael y Carlo, uno americano, y el otro italiano, ambos entraron al negocio al haber sido expulsado de la Universidad de Viena. A Michael se le murieron los padres en su estadía en el país europeo, mientras Carlo era huérfano desde el principio, y venia con su gemelo idéntico, el que no me saludo, Paolo. Tienen 17 años los tres.

De repente, a la 1:45 llega un auto compacto, de un oscuro azul, el hombre, un tipo de alrededor 56 años, llama a los gemelos. Su técnica es diferente, abordan al cliente desde las dos ventanillas del auto, ahí ejercen presión y obtienen un ‘buen precio’.

Le dan un fajo más grande que el de Franz, o el de John. Se suben al auto, y al momento despierta Josef. Se saluda con Michael, y comienzan la rutinaria clase de inglés. Seguida de la de matemáticas.

A las 2:15, llega el carro de John. Busca a Franz con la mirada, y se acerca a mí. Tiene el pelo mojado, se ha bañado- pienso. Le digo que no ha llegado. Saluda a Michael, le da una manzana a Josef. Y empieza a hablar con Helga. De pronto llega un auto lujoso, y siento un escalofrío, ¡me ha señalado a mí! Helga sonríe, se acerca a mi oído y me dice- Dile que ya lo has hecho por hoy, eso es el único ‘no’ que tienen los muchachos. Nunca había caminado tan torpemente, escucho las risas de todos atrás. Pongo primero un brazo sobre el frio metal del coche. Es incomodo, pongo el otro y me cuerpo se relaja. El hombre sonríe, y me pregunta que si me gusta la comida italiana, respondo que me da nauseas. El hombre ríe. Mire en el radio del auto que son las 2:23, de pronto las palabras salen de mi boca- Ya he salido 2 veces hoy, lo siento. La cara del hombre se transfigura. Frunce el seño y me hace señas para que me quite de la ventana. Y señala a Michael, no tardan más de un minuto en cerrar parte del trato y abandonar la calle.

Son las 2:35. La cara de Helga ya no es tan sonriente, saca de su bolsillo un rosario, no veía uno desde hace 7 años. Antes de interrogarla en su oración Josef me aborda, me pregunta de dónde vengo. Le digo de donde, y que de ahí me mude por 3 años a Moscú. No había oído de Colombia, dice que suena bien.

Son las 2:45. Llegan los gemelos, me libran de Josef. Le logro preguntar a Helga que ahora está con John. Ambos me dicen que su preocupación se debe a Franz. Recuerdo la misión que me encomendó, y regreso junto al joven Josef.

Son las 3, Michael llega, y se une a la preocupación del resto. Justo en ese momento me di cuenta de que en ese negocio se forjan lazos tan fuertes como los de una familia, y empezaba a sentir pertenencia a esa peculiar familia.

Todos lo han llamado al celular. Son las 3:30. Ya se tienen que ir de la calle, de hecho llevan mucho tiempo allí. De pronto en medio de la oscuridad y las sombras de los gigantes edificios llega Franz, no veo su cara, la lleva mirando el piso, se tambalea ligeramente, pero lo preocupante son aquellas gotas que se escurren de su brazo izquierdo. Franz es otro de los jóvenes que utilizan un analgésico muy controversial, la mutilación. Se corta ambos brazos, así el cerebro no tiene tiempo para pensar en la desgracia psicológica y se enfoca en el dolor físico. Sin embargo es una actividad que desgasta demasiado el cuerpo, puede adquirir enfermedades hepáticas, o patologías sanguíneas. Para el tiempo en el que pienso esto, todos lo ayudan a caminar, la luz titilante del faro de la calle me ayuda a ver que lleva sangrando mucho tiempo. Paolo le da una cachetada en medio de sollozos. John se desgarra la camisa y busca la herida. La Luna, me revela por tercera vez al alterado joven, está más pálido que las lozas de la calle. Y tiene cortadas en todo el brazo, echas rápidamente, con tijeras seguramente.

También me desgarro la camisa y les indico como tratarlo, tienen que detener el flujo de sangre del brazo, mientras alguien las desinfecta y coagulan. Me hacen caso, Josef avisa que son las 4:15. Helga le hace la seña a Michael, le lanza un llavero. Soltamos el torniquete y las heridas dejan de sangrar.

A tiempo – apura Helga. Michael va en una minivan, Carlo abre la puerta, Franz se pone en pie, John lo ayuda. Helga empieza a devolver el dinero de todos, ella se queda con el 35%. Cuando llega el turno de Franz, este dirige su dinero a Josef. Y le dice, lo que es ritual cuando abandonan la calle, no tienes que trabajar.

Han pasado casi 5 horas desde que comencé mi travesía en el underground austriaco. Una vez más, el humano que llevo por dentro a noqueado al imparcial periodista que llevo por dentro, me rio, no me importa.

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