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La piel es el órgano más extenso de nuestro organismo, en donde se encuentran las glándulas sudoríparas y el complejo pilosebáceo.
Menciono ambas estructuras porque gracias a sus secreciones se forma en el exterior de la piel la barrera protectora más importante de la misma.
¿Cómo es esto? Bueno, la glándula sudorípara secreta sudor, el cual está formado predominantemente por agua, electrolitos y lactatos; por otra parte el complejo pilosebáceo, es lo que comúnmente llamamos poros, compuesto por un folículo piloso asociado a una glándula sebácea, es decir, que la glándula sebácea, que tiene como misión producir sebo (grasa) está comunicada al canal de salida del pelo. Así es, el sebo funciona como lubricante del pelo, ya sea fino como vello o grueso como el cabello, que la salir al exterior entrará en contacto con el sudor, produciéndose una emulsificación natural, cubriendo la piel con nuestra propia "crema humectante y protectora"
En la jerga profesional, a esta emulsión resultante se le conoce como manto hidrolipídico, dada su naturaleza, y si bien, regularmente se le da poca importancia en realidad es el manto protector de la piel en la regulación de fauna bacteriana, la evaporación de agua, etc.
Al formarse la emulsión correctamente, esta adquiere un p.H. de 5.5 en promedio, es decir, el manto mantiene la superficie de la piel en un
medio ácido, evitando la proliferación y ataque de bacterias. Como este manto tiene cierta composición de lípidos (grasa), contribuye a la regulación de la hidratación de la piel, evitando que se escape agua. Por otra parte, la emoliencia natural de la piel está determinada por el manto hidrolipídico.
Las características de este manto, varía de persona a persona, incluso en una persona varía de acuerdo al clima, a la actividad física, a los alimentos ingeridos, sus hábitos de higiene, edad, sexo, la hora del día, contaminación, etc., y cuando se altera severamente comienza a repercutir en la salud y estética de la piel.
¿Qué tiene que ver todo esto con el acné? Ahora lo explico, déjame comenzar dando una definición de tres conceptos relacionados: piel grasa, seborrea, acné.
La piel grasa es aquella que presenta una mayor producción de grasa, su piel es más gruesa que la piel normal, al tacto es untuosa, los poros se notan a simple vista y pueden tener un color cenizo a amarillenta; si la higiene no es adecuada, puede presentar puntos negros en las zonas más grasa (zona T).
Por seborrea entendemos la producción excesiva de sebo, que está modificada en su composición, acompañada de una dilatación y una ligera hiperqueratosis a nivel de los poros, propiciando la formación del filamento seborreico. Puede presentar sudoración excesiva y en el caso de las mujeres el maquillaje tiende a descomponerse.
Acné, es una afección de los folículos pilosebáceos, producida por el bloqueo de la secreción sebácea en el canal folicular y por las alteraciones de origen inflamatorio y microbiano de la glándula sebácea. Éste suele aparecer ligero, y con el tiempo a degenerar a grados muy severos que puede ocasionar muchas molestia y dejar secuelas como manchas y/o cicatrices post acnéicas.
Como ya debes imaginar, el hecho de que se produzca gran cantidad de grasa afecta directamente el manto hidrolipídico, al tacto se presentará untuoso, a la vista la piel se muestra brillosa y amarillenta, atrae mayor cantidad de polvo e impurezas al rostro.
Este desbalance tiene una causa principal que se une a otros factores que al entrar en un círculo vicioso agravan más la situación al paso del tiempo; la cantidad y rapidez que producimos está controlada por nuestra información genética y la actividad hormonal. Las glándulas sebáceas del cuerpo, especialmente la del rostro, cabeza, espalda y pecho, son sensibles a la presencia de hormonas masculinas, testosterona, transformándose mediante la acción de una enzima llamada 5-a-reductasa en un agente acelerador de la cantidad y rapidez de sebo, agrandando la glándula sebácea; con esto que he dicho, se comprende por qué en la adolescencia se presenta el acné.
En este sentido, la hipersecreción sebácea alcaliniza la piel además de reducir a porción acuosa de del manto hidrolipídico. Este cambio en el medio ambiente de la piel se exacerba cuando los hábitos de higiene son inadecuados, se ingiere poca agua, no hay limpieza diaria y diurna, o el caso contrario, la limpieza se hace con jabones, comunes o "medicados", los cuales si bien logran retirar la grasa de la superficie de la piel, la desecan estimulando con ello, la producción de grasa para compensar la pérdidas, la piel además comienza a sensibilizarse. Otro mal hábito común es no aplicar algún producto humectante después del lavado, o bien, se aplican productos demasiado oleosos.
Si la piel grasa o seborreica se engruesa y se encuentran obstruidas las salidas de los poros, el sebo se acumulará (la producción nunca se detiene), provocando presión en el canal, manifestándose en inflamación, irritación en comedones (puntos negros) y pústulas.
Ahora bien, ¿como podemos evitar esto? Fácilmente:
1.Lavarnos el rostro en la mañana y noche (sin pretexto alguno).
2.Utilizar de preferencia un shampoo líquido para piel grasa.
3.Hidratar el rostro con un gel adecuado a la edad y estado de la piel.
4.Utilizar un filtro solar en gel con alta protección solar.
5.En la noche aplicar un controlador de grasa (si esta ya presenta comedones, quistes, etc.).
6.Realizar periódicamente una limpieza profunda con un profesional de la dermocosmética.
7.Evitar presionar, pellizcar o maltratar los puntos negros, pápulas y pústulas.
8.Evitar estarse tocando el rostro constantemente.
9.Si el rostro presenta pápulas y pústulas acudir al médico, cosmiatra o dermatólogo.
10.Ingerir 8 vasos de agua entre los alimentos y en pequeños tragos, o bien con popote.
11.Moderar el comer grasas, frituras, cacahuates, pistaches, etc.
12.Si se utiliza maquillaje, éste debe ser libre de grasa y no comedogénico, de marca reconocida.
13.Evitar utilizar recetas caseras (pasta de dientes, limón con carbonato, etc).
14.No automedicarse.
15.Recordar que el demaquillante es únicamente para labios y ojos.
Es muy importante recalcar que la aparición del acné, puede tener otras causa ajenas al sistema hormonal, como puede ser: alteraciones en ovarios, hipófisis, tiroides, digestivos, psicológicos; por eso la importancia de acudir con el médico o especialista, para un buen diagnostico.
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